Frases de Eduardo Galeano

Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio. Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno. El fútbol a sol y sombra

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Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos. El fútbol a sol y sombra

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Jugar sin hinchada es como bailar sin música. El fútbol a sol y sombra

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El fanático es el hincha en el manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique a la razón y a cuanta cosa se le parezca, y a la deriva navegan los restos del naufragio en estas aguas hirvientes, siempre alborotadas por la furia sin tregua. El fútbol a sol y sombra

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El fanático llega al estadio envuelto en la bandera del club, la cara pintada con los colores de la adorada camiseta, erizado de objetos estridentes y contundentes, y ya por el camino viene armando mucho ruido y mucho lío. Nunca viene solo. Metido en la barra brava, peligroso ciempiés, el humillado se hace humillante y da miedo el miedoso. La omnipotencia del domingo conjura la vida obediente del resto de la semana, la cama sin deseo, el empleo sin vocación o el ningún empleo: liberado por un día, el fanático tiene mucho que vengar. El fútbol a sol y sombra

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El barrio lo envidia: el jugador profesional se ha salvado de la fábrica o de la oficina, le pagan por divertirse, se sacó la lotería. Y aunque tenga que sudar como una regadera, sin derecho a cansarse ni a equivocarse, él sale en los diarios y en la tele, las radios dicen su nombre, las mujeres suspiran por él y los niños quieren imitarlo. Pero él, que había empezado jugando por el placer de jugar, en las calles de tierra de los suburbios, ahora juega en los estadios por el deber de trabajar y tiene la obligación de ganar o ganar. El fútbol a sol y sombra

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Los demás jugadores pueden equivocarse feo una vez o muchas veces, pero se redimen mediante una finta espectacular, un pase magistral, un disparo certero: él no. La multitud no perdona al arquero. ¿Salió en falso? ¿Hizo el sapo? ¿Se le resbaló la pelota? ¿Fueron de seda los dedos de acero? Con una sola pifia, el guardameta arruina un partido o pierde un campeonato, y entonces el público olvida súbitamente todas sus hazañas y lo condena a la desgracia eterna. Hasta el fin de sus días lo perseguirá la maldición. El fútbol a sol y sombra

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(...) Está condenado a mirar el partido de lejos. Sin moverse de la meta aguarda a solas, entre los tres palos, su fusilamiento. Antes vestía de negro, como el árbitro. Ahora el árbitro ya no está disfrazado de cuervo y el arquero consuela su soledad con fantasías de colores. El fútbol a sol y sombra

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El gol es el orgasmo del fútbol. El fútbol a sol y sombra

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La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.

Frases de Solidaridad


Antes existía el entrenador, y nadie le prestaba mayor atención. El entrenador murió, calladito la boca, cuando el juego dejó de ser juego y el fútbol profesional necesitó una tecnocracia del orden. Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas. El fútbol a sol y sombra

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El técnico jamás cuenta el secreto de sus victorias, aunque formula admirables explicaciones de sus derrotas. El fútbol a sol y sombra

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Influencias

Autores relacionados

Gabriel García Márquez Jorge Luis Borges Julio Cortázar Mario Benedetti Pablo Neruda

Ocupación

Periodistas » Periodistas siglo XX » Periodistas de Uruguay

Escritores » Escritores siglo XX » Escritores de Uruguay

Eduardo Galeano


Periodista y escritor uruguayo, autor de "Las venas abiertas de América Latina" (1971), "Memorias del fuego I" (1982), "El libro de los abrazos" (1989) y "Los hijos de los días" (2011).

Nombres

RealEduardo Germán María Hughes Galeano

Biografía Eduardo Galeano

Eduardo Galeano nace en una familia con ancestros galeses, alemanes, españoles e italianos, de padre Eduardo Hughes Roosen y madre Licia Esther Galeano Muñoz.

Durante su adolescencia transitó por diversos trabajos, publicando su primer escrito político en el periódico semanal del partido socialista "El Sol" (1954).

En 1960 comienza su carrera como periodista, siendo editor del semanario "Marcha" y director del diario "Época".

En 1973 un golpe militar toma el poder en Uruguay y obliga a Eduardo Galeano a exiliarse en Buenos Aires (Argentina), donde funda y dirige la revista "Crisis".

En 1976 Jorge Rafael Videla perpetra un golpe militar en Argentina, y debe exiliarse nuevamente, trasladndose a España. A principios de 1985 Eduardo Galeano regresa a Montevideo (Uruguay), donde se establece definitivamente.

En 2010 gana el destacado premio Stig Dagerman, uno de los más prestigiosos galardones literarios en Suecia.

Libros destacados

  • Las venas abiertas de América Latina (1971)
  • Memorias del fuego I (1982)
  • El libro de los abrazos (1989)
  • Patas arriba: La escuela del mundo al revés (2008)
  • Los hijos de los días (2011)
  • Días y noches de amor y de guerra (1978)

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