Frases de Delmira Agustini - Página 3

61. Engarzado en la noche el lago de tu alma, diríase una tela de cristal y de calma tramada por las grandes arañas del desvelo. "El libro blanco" (1907), Delmira Agustini

Tela


62. Imagina mi amor, mi amor que quiere vida imposible, vida sobrehumana, tú sabes que si pesan, si consumen alma y sueños de olimpo en carne humana. "El libro blanco" (1907), Delmira Agustini

Imposible


63. Pobre mi alma tuya acurrucada en el pórtico en ruinas del recuerdo, esperando de espaldas a la vida que acaso un día retroceda el tiempo... "Cantos de la mañana" (1910), Delmira Agustini

Recuerdo


64. Yo muero extrañamente...No me mata la vida, no me mata la muerte, no me mata el amor; Muero de un pensamiento mudo como una herida... "Cantos de la mañana" (1910), Delmira Agustini

Herida


65. El triunfo de la noche. De tus manos, más bellas, fluyen todas las sombras y todas las estrellas, y mi cuerpo se vuelve profundo como un cielo. "Los cálices vacíos" (1913), Delmira Agustini

Profundo


66. Y en la alcoba que tu alma tapizaba de armiño, donde ardían los vasos de rosas de cariño, la soledad llamaba en silencio al horror... "El rosario de eros" (1924), Delmira Agustini

Alcoba


67. Vamos más lejos en la noche, vamos donde ni un eco repercuta en mí, como una flor nocturna allá en la sombra me abriré dulcemente para ti. "El libro blanco" (1907), Delmira Agustini

Sombra


68. Ven, acércate a mí, que en mis pupilas se hundan las tuyas en tenaz mirada, vislumbre en ellas el sublime enigma del más allá, que espanta... "El libro blanco" (1907), Delmira Agustini

Tenaz


69. Tu amor, esclavo, es como un sol muy fuerte: jardinero de oro de la vida, jardinero de fuego de la muerte, en el carmen fecundo de mi vida. "Los astros del abismo" (1924), Delmira Agustini

Esclavo


70. Hay cabezas doradas al sol, como maduras...Hay cabezas tocadas de sombra y de misterio, cabezas coronadas de una espina invisible, cabezas que sonrosa la rosa del ensueño... "El rosario de eros" (1924), Delmira Agustini

Ensueño


71. Bajo los grandes cielos afelpados de sombras ó dorados de soles, arropada en el manto pálido y torrencial de mi melancolía, con una astral indiferencia miro pasar las intemperies... "Cantos de la mañana" (1910), Delmira Agustini

Melancolía


72. Yo lo soñé impetuoso, formidable y ardiente; Hablaba el impreciso lenguaje del torrente; Era un mar desbordado de locura y de fuego, rodando por la vida como un eterno riego. "El libro blanco" (1907), Delmira Agustini

Formidable


73. ¿Acaso fué en marco de ilusión, en el profundo espejo del deseo, o fue divina y simplemente en vida que yo te ví velar mi sueño la otra noche? "Los cálices vacíos" (1913), Delmira Agustini

Profundo


74. ¡Y cuando, te abrí los ojos como un alma, y vi que te hacías atrás y te envolvías en yo no se que pliegue inmenso de la sombra! "Los cálices vacíos" (1913), Delmira Agustini

Alma


75. Es un lago mi alma; Lago, vaso de cielo, nido de estrellas en la noche calma, copa del ave y de la flor, y suelo de los cisnes y el alma. "Los astros del abismo" (1924), Delmira Agustini

Lago


76. Y ofrendé al nuevo dios mi corazón que abría como una flor de sangre de amor y de armonía. ¡Y le adoré con ansias y le adoré con llanto! "El libro blanco" (1907), Delmira Agustini

Llanto


77. Para tu musa en rosa, me abro en rosa; Mi corazón es miel, perfume y fuego, y vivo y muero de una sed gloriosa: tu sangre viva debe ser mi riego. "Los astros del abismo" (1924), Delmira Agustini

Musa


78. Erase una cadena fuerte como un destino, sacra como una vida, sensible como un alma; La corté con un lirio y sigo mi camino con la frialdad magnífica de la muerte...Con calma. "Cantos de la mañana" (1910), Delmira Agustini

Cadena


79. Una paloma blanca como la nieve asoma, yo olvido el ave egregia y el bruto que foguea pensando que en los cielos solemnes de la idea a veces es muy bella, ¡Muy bella una paloma! "El libro blanco" (1907), Delmira Agustini

Bella


80. Canta en la aurora rosada, canta en la tarde de plata, y cuando el sol, como un rey, muera en su manto escarlata, mientras que la noche llega, ¡Ensaya un ritmo y un sueño! "El libro blanco" (1907), Delmira Agustini

Ritmo


81. Tus ojos me parecen dos semillas de luz entre la sombra, y hay en mi alma un gran florecimiento si en mí los fijas; Si los bajas, siento como si fuera a florecer la alfombra! "Cantos de la mañana" (1910), Delmira Agustini

Semillas


82. Yo muero extrañamente...No me mata la vida no me mata la muerte, no me mata el amor; Muero de un pensamiento mudo como una herida... ¿No habéis sentido nunca el extraño dolor? "Cantos de la mañana" (1910), Delmira Agustini

Extraño


83. Hay manos que nacieron con guantes de caricia, manos que están colmadas de la flor del deseo, manos en que se siente un puñal nunca visto, manos en que se ve un intangible centro. "El rosario de eros" (1924), Delmira Agustini

Caricia


84. Talismán del abismo, melancólico y fuerte, imantado de vida, imantado de muerte...A veces me pareces una tumba sin dueño...Y a veces...Una cuna ¡Toda blanca! Tendida de esperanza y de ensueño... "El rosario de eros" (1924), Delmira Agustini

Talismán


85. Manos enjoyadas del rubí de mi deseo, la perla de mi tristeza y el diamante de mi beso: llevad a la fosa misma un pétalo de mi cuerpo, manos que sois la vida, manos que sois ensueño. "Los cálices vacíos" (1913), Delmira Agustini

Ensueño


86. Hoy desde el gran camino, bajo el sol claro y fuerte, muda como una lágrima he mirado hacia atrás, y tu voz de muy lejos, con un olor de muerte, vino a aullarme al oído un triste "¡Nunca más!". "Cantos de la mañana" (1910), Delmira Agustini

Nunca


87. ¡Y yo te amo, invierno! Yo te imagino viejo, yo te imagino sabio, con un divino cuerpo de mármol palpitante que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo...Invierno, yo te amo y soy la primavera...Yo sonroso, tú nievas: tú porque todo sabes, yo porque todo sueño... "Los cálices vacíos" (1913), Delmira Agustini

Invierno


88. Y hoy sueño que es vibrante, y suave, y riente, y triste, que todas las tinieblas y todo el iris viste; Que, frágil como un ídolo y eterno como dios, sobre la vida toda su majestad levanta: y el beso cae ardiendo a perfumar su planta en una flor de fuego deshojada por dos... "El libro blanco" (1907), Delmira Agustini

Suave

Autores relacionados

Alfonsina Storni Juana de Ibarbourou Julio Herrera y Reissig