Frases de Charles Dickens - Página 4

Charles Dickens

109. Nunca ha habido maldad y codicia que no terminase por escapársele a uno de las manos y llegar demasiado lejos. Es algo tan cierto como la misma muerte. "David Copperfield" (1850), Charles Dickens

Codicia


110. No le era muy difícil hacer asomar las lágrimas a sus ojos. El hambre y los recientes malos tratos son magníficos auxiliares si de llorar se trata. "Oliver Twist" (1839), Charles Dickens

Llorar


111. El crimen, como la muerte, no es cosa exclusiva de los seres decrépitos y gastados. También los jóvenes y hermosos resultan, con frecuencia, sus víctimas predilectas. "Oliver Twist" (1839), Charles Dickens

Crimen


112. Tenía entonces algunas razones para creer que la naturaleza, ayudada por las circunstancias, me había destinado a ser escritor, y me dediqué con firmeza a mi vocación. "David Copperfield" (1850), Charles Dickens

Ser escritor


113. Una excelente oportunidad para reflexionar, rodeado por las ventajas que da la soledad, podría tener en vuestro destino una influencia mayor de la que vos mismo os procuráis. "Historia de dos ciudades" (1859), Charles Dickens

Influencia


114. Es mi deber decirte, y te lo digo, a la cara por tu bien, que eres un hombre que no tiene condiciones para estar en sociedad. Eres un hombre desagradable. "Historia de dos ciudades" (1859), Charles Dickens

Desagradable


115. Es preciso que conserves el ánimo...Cuando llegue el tiempo suelta las fieras y el diablo mismo, pero hasta entonces tenlos encadenados, y, aunque no a la vista, siempre dispuestos. "Historia de dos ciudades" (1859), Charles Dickens

Ánimo


116. Nunca podría haber hecho lo que he hecho, sin los hábitos de puntualidad, orden y diligencia, sin la determinación de concentrar en mí un objetivo a la vez.

Expedición


117. (...) Trataba de mostrarse ingenioso para distraer su propia atención y mitigar el terror que sentía, porque la voz del espectro revolvía hasta la médula de los huesos. "Cuento de Navidad" (1843), Charles Dickens

Espectro


118. A diferencia del célebre rebaño del poema, no se trataba de cuarenta chiquillos que actuasen todos a una, sino que cada pequeño armaba tanto escándalo como cuarenta. "Cuento de Navidad" (1843), Charles Dickens

Rebaño


119. A usted le corresponde toda alabanza y todo reproche. A usted se deberá el éxito o el fracaso. En una palabra, usted es la que me ha hecho tal como soy. "Grandes esperanzas" (1861), Charles Dickens

Alabanza


120. Algunos nigromantes dicen que el número mágico es el tres; otros dicen que el siete. Y no es ninguno de ésos, amigo mío; ninguno. Es el número uno. "Oliver Twist" (1839), Charles Dickens

Número


121. Si, en realidad, no tenía costumbre de beber más de lo estrictamente conveniente, bien pudiera haber puesto una demanda a su semblante por libelo, para resarcirse de graves daños. "Oliver Twist" (1839), Charles Dickens

Beber


122. (...) Son una especie de fuegos de artificio, de los que al empezar no se puede prever la variedad de formas ni de colores que los hacen cambiar en absoluto de su forma primitiva. "David Copperfield" (1850), Charles Dickens

Artificio


123. El fantasma de las Navidades por venir lo trasladó, igual que había hecho con anterioridad (...), a los lugares donde se reúnen los hombres de negocios, pero tampoco se encontró a sí mismo. "Cuento de Navidad" (1843), Charles Dickens

Fantasma


124. Crea que lo siento, pero la verdad es que me comí su pastel...No sabemos lo que usted ha hecho; pero aunque nos haya quitado algo, no por eso nos moriríamos de hambre. "Grandes esperanzas" (1861), Charles Dickens

Pastel


125. No puede darse preparación mejor para entrar de lleno en la vida política que esa movilidad maravillosa de parecer que le distingue, esos cambios bruscos, esas transiciones repentinas que forman su carácter. "Oliver Twist" (1839), Charles Dickens

Preparación


126. Yo nunca habría tenido éxito en la vida si no me hubiera dedicado a las cosas más pequeñas con la misma atención y cuidado que le dediqué a las más grandes.

Cuidado


127. Existen en la vida ciertos cargas sociales que, independientemente de las ventajas de orden substancial que reportan, derivan un valor peculiar y una dignidad especial de las levitas y chalecos afectos al cargo en cuestión. "Oliver Twist" (1839), Charles Dickens

Cargo


128. Me siento ligero como el viento, dichoso como un ángel, alegre como un colegial y tan mareado como un borracho. ¡Feliz Navidad a todos! ¡Feliz Año Nuevo para todo el mundo! ¡Viva! ¡Alegría! ¡Viva! "Cuento de Navidad" (1843), Charles Dickens

Año nuevo


129. Siempre he observado, al estudiar la naturaleza humana, que el hombre que tiene alguna buena razón para creer en sí mismo nunca presume delante de los demás para que también crean en él. "David Copperfield" (1850), Charles Dickens

Naturaleza humana


130. Era uno de aquellos días de marzo en que el sol brilla esplendoroso y el viento es frío, de manera que a la luz del sol parece ser verano, e invierno en la sombra. "Grandes esperanzas" (1861), Charles Dickens

Frío


131. El hecho de que esta pasión esté tan fuertemente arraigada en el corazón de un muchacho a quien la naturaleza y las circunstancias han hecho tan romántico la convierten en algo muy serio. "Grandes esperanzas" (1861), Charles Dickens

Romántico


132. ¡Ésta es la justicia que cabe esperar en este mundo! Con nada actúa de forma más cruel que contra la pobreza y, sin embargo, ¡Nada condena con mayor severidad que cualquier intento por hacerse ricos! "Cuento de Navidad" (1843), Charles Dickens

Condena


133. Su fortuna no le sirve de nada, pues no ayuda a nadie. Tampoco él la disfruta, ni siquiera se da el gustazo de pensar, ¡Ja, ja, ja! , que, algún día, nosotros seremos quienes salgamos beneficiados. "Cuento de Navidad" (1843), Charles Dickens

Fortuna


134. Las frases hechas con como una especie de fuegos artificiales, que se sueltan con facilidad y son proclives a adoptar todo tipo de manifestaciones y colores que no parecían posibles a partir de su forma original. "David Copperfield" (1850), Charles Dickens

Original


135. Al encerrarse se había apartado a sí misma de mil influencias naturales y consoladoras; Su mente, en la soledad, había enfermado, como no podía menos de ocurrir al sustraerse de las intenciones de su Hacedor. "Grandes esperanzas" (1861), Charles Dickens

Hacedor


136. Si nos quedamos metidos en casa cuando oímos que la pálida muerte, que golpea con el mismo pie la puerta de todos, llama a otra que no es la nuestra, nos perdemos lo mejor de esta vida. "David Copperfield" (1850), Charles Dickens

Estar vivo


137. En su compañía jamás gocé de una sola hora de felicidad, y, sin embargo, durante las veinticuatro horas del día no pensaba más que en tenerla a mi lado hasta la hora de mi muerte. "Grandes esperanzas" (1861), Charles Dickens

Vida de pareja


138. En el pequeño mundo en que los niños tienen su vida, sea quien quiera la persona que los cría, no hay nada que se perciba con tanta delicadeza y que se sienta tanto como una injusticia. "Grandes esperanzas" (1861), Charles Dickens

Secuelas infancia infeliz


139. El más fuerte aguacero, la nieve, el granizo o la cellisca sólo podían jactarse de aventajarle en un solo aspecto: en que muchas veces "caían" en abundancia, cosa que a Scrooge no le sucedía jamás. "Cuento de Navidad" (1843), Charles Dickens

Aguacero


140. Si el futuro no se encarga de alterar semejantes visiones -insistió el fantasma-, ninguno de los míos volverá a verlo en este lugar. Pero ¿Qué más da? Si ha de morir, que muera, así disminuya el exceso de población. "Cuento de Navidad" (1843), Charles Dickens

Población


141. Todavía siento la debilidad de desear que sepáis con qué fuerza encendisteis en mí algunas chispas a pesar de no ser yo más que ceniza, chispas que se convirtieron en fuego, aunque a nada conduce, pues arde inútilmente. "Historia de dos ciudades" (1859), Charles Dickens

Chispa


142. En tiempos de peste, hay quien muestra una secreta atracción hacia la enfermedad: una terrible y momentánea inclinación a morir en ella. Y todos llevamos ocultas en el alma estas rarezas, que sólo necesitan circunstancias propicias para manifestarse. "Historia de dos ciudades" (1859), Charles Dickens

Terrible


143. Nuevamente la calle volvió a su estado habitual, de que saliera un momento, y quedó triste, fría, sucia, llena de enfermedades y de miseria, de ignorancia y de hambre. En todas partes se veían pobres individuos envejecidos, debilitados y hambrientos. "Historia de dos ciudades" (1859), Charles Dickens

Miseria


144. El sufrimiento ha sido más fuerte que todas las demás enseñanzas y me ha hecho comprender lo que era su corazón. He sufrido mucho; Mas creo que, gracias a eso, soy mejor ahora de lo que era antes. "Grandes esperanzas" (1861), Charles Dickens

Fortaleza ante las adversidades

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