Frases de Carlos Ruiz Zafón - Página 8

Frases de Carlos Ruiz Zafón (página 8 de 8)

169. Y dicho esto con más solemnidad de la que probablemente merece la ocasión, más vale aterrizar a ras de página y pedirle al amigo lector que nos acompañe al cierre de esta historia y nos ayude a encontrar lo más difícil para un pobre narrador atrapado en su propio laberinto: la puerta de salida. "El laberinto de los espíritus" (2016)

Salida


170. Echo de menos un villano. La mayoría de nosotros, nos demos cuenta o no, nos definimos por oposición a algo o alguien más que a favor de algo o alguien. Es más fácil reaccionar que accionar, por así decirlo. Nada aviva la fe y el celo del dogma como un buen antagonista. Cuanto más inverosímil, mejor. "El juego del ángel" (2008)

Inverosímil


171. -No sé qué me ha pasado. No te ofendas, pero a veces una se siente más libre de hablarle a un extraño que a la gente que conoce. ¿Por qué será? Me encogí de hombros. -Probablemente porque un extraño nos ve como somos, no como quiere creer que somos. - ¿Es eso también de tu amigo Carax? -No, eso me lo acabo de inventar para impresionarte. "La sombra del viento" (2001)

Impresionar


172. ¿Ha oído decir usted alguna vez aquello tan socorrido de que en el amor y en la guerra está todo permitido? -Alguna vez. Normalmente en boca de los que están más por la guerra que por el amor. -Así es, porque en el fondo es mentira podrida. - ¿Es esta entonces una historia de amor o de guerra? Se encogió de hombros. - ¿Cuál es la diferencia? "El laberinto de los espíritus" (2016)

Historias de amor


173. Las mujeres, con notables excepciones, son más inteligentes que nosotros, o cuando menos más sinceras consigo mismas sobre lo que quieren o no. Otra cosa es que se lo digan a uno o al mundo. Se enfrenta usted al enigma de la naturaleza. La fémina, babel y laberinto. Si la deja usted pensar, está perdido. Recuerde: corazón caliente y mente fría. El código del seductor. "La sombra del viento" (2001)

Seductor


174. Si algo he aprendido en este perro mundo es que el destino siempre está a la vuelta de la esquina. Como si fuese un chorizo, una furcia o un vendedor de lotería, sus tres encarnaciones más socorridas. Y si algún día decide usted ir a por él (porque lo que el destino no hace son visitas a domicilio), ya verá cómo le concederá una segunda oportunidad. "El laberinto de los espíritus" (2016)

Lotería


175. Es como la marea, ¿Sabe usted? -Decía, ido- La barbarie, digo. Se va y uno se cree a salvo, pero siempre vuelve, siempre vuelve... y nos ahoga. Yo lo veo todos los días en el instituto. Válgame Dios. Simios es lo que llegan a las aulas. Darwin era un soñador, se lo aseguro. Ni evolución ni niño muerto. Por cada uno que razona, tengo que lidiar con nueve orangutanes. "La sombra del viento" (2001)

Barbarie


176. Cada día estaba más convencido de que la buena literatura tenía poco o nada que ver con quimeras triviales como "la inspiración" o "el tener algo que contar" y más con la ingeniería del lenguaje, con la arquitectura de la narración, con la pintura de las texturas, los timbres y los colores de la construcción, con la fotografía de las imágenes y con la música que podía producir una orquesta de palabras. "El laberinto de los espíritus" (2016)

Buena literatura


177. Este lugar es un misterio. Un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene un alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte. En este lugar los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar a las manos de un nuevo lector, un nuevo espíritu... "El juego del ángel" (2008)

Santuario


178. ¿Sabe una cosa, Daniel? Lo que pienso de verdad es que después de todo lo que usted y yo hemos pasado, aún soy aquel pobre infeliz que se encontró tirado en la calle y al que se llevó a casa por caridad, y que usted todavía es aquel crío desvalido que iba por el mundo perdido y tropezando con misterios sin cuento creyendo que si los resolvía, tal vez, de puro milagro, recuperaría el rostro de su madre y la memoria de la verdad que el mundo le había robado. "El laberinto de los espíritus" (2016)

Mendigo


179. El silbido del expreso de Madrid me rescató de mis bucólicas meditaciones. El tren irrumpía en la estación a pleno galope. Enfiló hacia su vía y el gemido de los frenos inundó el espacio. Lentamente, con la parsimonia propia del tonelaje, el tren se detuvo. Los primeros pasajeros comenzaron a descender, siluetas sin nombre. Recorrí con la mirada el andén mientras el corazón me latía a toda prisa. Docenas de rostros desconocidos desfilaron frente a mí. De repente vacilé, por si me había equivocado de día, de tren, de estación, de ciudad o planeta. "Marina" (1999)

Madrid


180. La mayoría de los mortales nunca llegamos a conocer nuestro verdadero destino; simplemente somos atropellados por él. Para cuando levantamos la cabeza y lo vemos alejarse por la carretera ya es tarde, y el resto del camino lo tenemos que hacer por la cuneta de aquello que los soñadores llaman la madurez. La esperanza no es más que la fe de que ese momento no haya llegado todavía, de que acertemos a ver nuestro verdadero destino cuando se acerque y podamos saltar a bordo antes de que la oportunidad de ser nosotros mismos se desvanezca para siempre y nos condene a vivir de vacío, añorando lo que debió ser y nunca fue. "El laberinto de los espíritus" (2016)

Oportunidad perdida


181. La envidia es la religión de los mediocres. Los reconforta, responde a las inquietudes que los roen por dentro y, en último término, les pudre el alma y les permite justificar su mezquindad y su codicia hasta creer que son virtudes y que las puertas del cielo sólo se abrirán para los infelices como ellos, que pasan por la vida sin dejar más huella que sus traperos intentos de hacer de menos a los demás y de excluir, y a ser posible destruir, a quienes, por el mero hecho de existir y de ser quienes son, ponen en evidencia su pobreza de espíritu, mente y redaños. Bienaventurado aquel al que ladran los cretinos, porque su alma nunca les pertenecerá. "El juego del ángel" (2008)

Mediocres


182. En la guerra hizo fortuna y en el amor lo perdió todo. Estaba escrito que no había nacido para ser feliz y que nunca podría llegar a saborear el fruto que aquella primavera tardía había llevado a su corazón. Supo entonces que viviría el resto de sus días en el otoño perpetuo de la soledad sin más compañía ni recuerdo que el anhelo y el remordimiento, y que, cuando alguien preguntara quién había construido aquella casa y quién había vivido en ella antes de que se convirtiera en un embrujo de ruinas, las gentes que la habían conocido y sabían de su historia maldita bajarían la mirada y dirían, con voz leve y rogando que sus palabras se las llevase el viento: nadie. "El laberinto de los espíritus" (2016)

Remordimiento


183. Cuando oigo este discurso de "todo el mundo es tan tonto y nosotros somos tan listos" veo una mezcla tal de mediocridad, estupidez y narcisismo...

Narcisismo


184. La escritura es un oficio y no difiere sustancialmente de ninguna otra práctica profesional donde uno le pone horas y empeño y se esfuerza hasta donde el cerebro alcanza. Así día tras día, mes tras mes, hasta que se concluye el trabajo.

Profesional


185. La industria cultural tiene que entender que se enfrenta a enemigos muy hábiles y peligrosos, debe espabilarse y salir del agujero por sus propios pies, porque nadie va a ayudarla a salir del agujero, no podemos esperar que sea el consumidor el que salve a la industria cultura.

Industria cultural


186. La vida es la hipoteca del alma: aunque uno salga con buenas intenciones, ir avanzando implica cometer traiciones, con los demás o con uno. Hay quien tiene la fortuna de no caer demasiado en ello y quien directamente es un hijo de puta, pero el dilema sobre si hacemos o no lo correcto lo tenemos todos.

Buenas intenciones


187. El turismo es un motor económico innegable, pero inevitablemente sumerge a las ciudades en una atmósfera de irrealidad, plástico y souvenirs. La vida real se retira de los lugares emblemáticos y la sustituye esa especie de parque temático hueco y mercantil que, a quien nació en ese lugar, acaba por aburrirle. Es un mal de nuestros tiempos. Sin ánimo de dramatizar, es un poco una prostitución leve, regulada y perfumada de los espacios públicos. Pero todos somos turistas, tarde o temprano, en algún lugar.

Turista


188. El problema fundamental de las industrias culturales o de entretenimiento es preservar la monetización de sus recursos y mantener un modelo de negocio sostenible. Esos son intereses opuestos a los de las grandes compañías tecnológicas y de telecomunicaciones, que esencialmente incrementan su margen de beneficio a base de devaluar los contenidos y traspasar el valor añadido de recursos que no han producido y que no les han supuesto coste alguno al de los servicios y productos que venden al consumidor, que se rinde dócilmente a cualquier cosa que le ofrece el sector tecnológico.

Industria cultural


189. Mi método de trabajo está dividido por capas. Escribo como se hace una película, en tres fases. La primera es la preproducción, en la que creas un mapa de lo que harás; pero cuando te pones a hacerlo ya te das cuenta de que vas a cambiarlo todo. Luego viene el rodaje: recoger los elementos con los que se hará la película; pero todo es más complejo y hay más niveles de los que habías previsto. Entonces, a medida que escribes, ves capas y capas de profundidad, y empiezas a cambiar cosas. En esa fase es cuando empiezo a preguntarme: "¿Y si cambiase los cables, o el lenguaje, o el estilo?". Ahí creo la tramoya, que para el lector ha de ser invisible: el lector ha de leer como agua, le ha de parecer todo fácil... Pero para que sea así hay que trabajar mucho.

Método

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