Frases de Anthony Burgess

¿Se estarán la vida entera en instituciones como ésta, entrando y saliendo, entrando y saliendo, aunque la mayoría estará más adentro que afuera, o se proponen escuchar la Divina Palabra y comprender los castigos que esperan al pecador recalcitrante en el más allá así como también en este mundo? Un montón de condenados idiotas, todos ustedes, vendiendo el derecho de primogenitura por un plato de lentejas. La emoción del robo, de la violencia, las tentaciones de una vida fácil, ¿Valen la pena cuando tenemos pruebas innegables, sí, sí, pruebas incontrovertibles de que hay un infierno? Lo sé, lo sé, amigos míos, he tenido visiones de un lugar más sombrío que cualquier prisión, más ardiente que todas las llamas del fuego humano, donde las almas de los pecadores y de los criminales recalcitrantes como ustedes, y no se burlen, malditos sean, no se rían, criminales como ustedes aúllan en una agonía infinita e insoportable, la nariz sofocada por el olor de la podredumbre, la boca atosigada por la basura ardiente, la piel que se les cae a tiras y se les pudre, y una bola de fuego que arde quemándoles las entrañas desgarradas. Sí, sí, sí, lo sé. La naranja mecánica

"La naranja mecánica" (1962) Frases de "La naranja mecánica" (1962) Frases de Criminales


Siempre es difícil poner límites. El mundo es uno, y es una la vida. La actividad más dulce y celestial participa en alguna medida de la violencia; por ejemplo, el acto amoroso, o la música. La naranja mecánica

"La naranja mecánica" (1962) Frases de "La naranja mecánica" (1962) Frases de Límites


Y te quedabas hipnotizado por la bota, o el zapato o la uña de un dedo, según el caso, y al mismo tiempo era como si te agarraran del pescuezo y te sacudieran igual que a un gato. Te sacudían sin parar hasta vaciarte. Perdías el nombre y el cuerpo, y te perdías tú mismo, y esperabas hasta que la bota o la uña del dedo se te ponían amarillas. Cada vez más amarillas. Después, las luces comenzaban a restallar como átomos, y la bota o la uña del dedo, o quizás una mota de polvo en los fundillos de los pantalones se convertían en un mesto enorme, grandísimo, más grande que el mundo, y ya te iban a presentar al viejo Bogo o Dios, y entonces todo concluía. Gimoteando volvías al presente, con la rota preparada para llorar a grito pelado. Todo muy lindo, pero muy cobarde. No hemos venido a esta tierra para estar en contacto con Dios. Esas cosas pueden liquidar toda la fuerza y la bondad de un cheloveco. La naranja mecánica

"La naranja mecánica" (1962) Frases de "La naranja mecánica" (1962) Frases de Prisionero


El interés propio, el temor al dolor físico lo llevaron a esa humillación grotesca. La insinceridad era evidente. Ya no es un malhechor. Tampoco es una criatura capaz de una elección moral. La naranja mecánica

"La naranja mecánica" (1962) Frases de "La naranja mecánica" (1962) Frases de Humillación


Fue un paseo fatigoso hasta las cancelas del puerto. Nunca había pensado que una tarde veraniega tan al norte pudiera ser tan cálida, educado como estaba en aquella imagen occidental de los leningradeses siempre vestidos con pieles. Después de ver raíles de tranvía, fardos, siluetas de barcos ahora se le ofrecían tristes praderitas, una señal modesta que indicaba el camino a la ciudad (¿Y por dónde si no, con el mar a la espalda?). Mas allá una arcada que se caía a trozos, retratos monstruosamente ampliados del soviet de Leningrado como un comité de recepción en el que ninguno de los rostros manifestara bienvenida alguna; el funcionario bajito y rechoncho que, con una preocupación más estética que burocrática, admiró largo rato la fotografía de la fotogénica Belinda, fotografía que estaba desprendida y se acomodaba entre las páginas del pasaporte de Paul; salir después a una visión de espantosa miseria, los tinglados tan parecidos a los de Manchester, necesitados de una mano de pintura bajo aquel cielo quatrocento de un soberbio azul dorado; un fuliginoso jardín atrofiado, unas urnas ornamentales ruidosas y llenas de colillas, gentes andrajosas que descansaban, carteles exhortativos; obreros sovieticos que esperaban autobuses o taxis. Por primera vez, Paul fue consciente de que llevaba el capitalismo escrito hasta en el mismo corte de sus ropas. En aquel escenario no encajaban siquiera sus pantalones de sarga ni su ajada chaqueta de sport comprada en Harris. Era la venganza exigida por el proletariado con gorra y sin corbata: se daba cuenta de que era la primera vez que veía de verdad al proletariado. Deseaba coger un taxi cuanto antes para huir hacia el mundo normal y lujoso, construido, por efímero que fuera, para los turistas capitalistas (beber a salvo alrededor de una mesa, reír, consciente de la superioridad propia en relación con los nativos del exterior). Estaba avergonzado, como lo había estado su padre, John Hussey, qué bien se acordaba, cuando tenía un empleo en aquellos tiempos de paro masivo y se ponía a esperar un taxi en la parada marcada con una gran T mientras sus compañeros de cola devoraban su camisa, su corbata, sus zapatos, hasta la grasienta gabardina que llevaba al brazo. Pero, qué demonios, éstos tenían a Yuri Gagarin, al Bolshoi, a los ballets Kirov; tenían las la promesas celestiales del camarada Jruschov, tenían el monopolio de la verdad, de la belleza y de la bondad. ¿Qué más querían? Sus ropas, sus maletas de piel de cerdo: eso era lo que querían. Miel para los osos

Frases de "Miel para los osos" (1963) Frases de Monopolio


El pueblo había quedado reducido a menos de medio acre. Era como una diminuta reserva para indígenas. Desde las mugrientas ventanas los cretinos miraban babeantes los parterres de hierbajos. Los gallos cacareaban todo el día; las niñas, vestidas con batas de otra época, mascaban manzanas a medio comer, amarillentas de óxido; todos los chicos parecían tener fisura palatina. Pero aun así aquello me parecía más sano que el suburbio que lo rodeaba. ¿Quién podría cantar el esplendor de esas casas apareadas con medio jardín, las paredes ciegas empedradas con guijarros, verjas diminutas que se podían franquear de una zancada, las cursis figuritas en los jardines de miniatura? El viento penetraba a cuchillo por los intersticios entre las casas, el viento de la vieja colina sepultada en asfalto, que flagelaba como el extremo de una toalla mojada, y que revolvía un caldo gris por encima de los rojos tejados, un caldo en el que remolineaba el alfabeto de pasta de sopa de las antenas de televisión: X, Y, H, T. Derecho a una respuesta

Frases de "Derecho a una respuesta" (1960) Frases de Decadencia


Te amé... Y quizás este amor no haya muerto en mi corazón, que nada te turbe, no quiero que nada te entristezca. Te amé en silencio y sin esperanza, en ocasiones casi muerto de alegría, en otras celoso. Te amé sinceramente... Y con tal ternura que ojalá dio s permita que otro te ame así alguna vez. Miel para los osos

Frases de "Miel para los osos" (1963) Frases de Este amor


Si ustedes dos, tortolitos, han terminado ya de darle a las mandíbulas será mejor que nos pongamos en camino. Lamento que no haya tarta de bodas, pero no se puede tener todo. El embarque es a las diez. Ya les he pedido una máquina de turistas, como la llaman ellos. Soborno, soborno, soborno. Con diez rublos vale. La corrupción será la ruina de este país. Miel para los osos

Frases de "Miel para los osos" (1963) Frases de Lamento


Si no puede aguantar la bebida es mejor que lo deje. Miel para los osos

Frases de "Miel para los osos" (1963) Frases de Bebida

Contexto histórico

Modernismo Segunda Guerra Mundial

Influencia en las frases de Anthony Burgess

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Anthony Burgess

Frases de Anthony Burgess

Frases de Anthony Burgess: Escritor, novelista, poeta, ensayista, profesor, traductor, periodista y compositor inglés, autor de "Derecho a una respuesta" (1960), "La naranja mecánica" (1962), "Miel para los osos" (1963) y "Poderes terrenales" (1980).

Nombres

RealJohn Anthony Burgess Wilson
SeudónimoAnthony Burgess, John Burgess Wilson, Joseph Kell

Biografía Anthony Burgess

Anthony Burgess nació en Harpurhey, siendo hijo de Joseph Wilson y Elizabeth Burgess, quien falleció un año después de su nacimiento afectada por la epidemia de gripe de 1918.

Los primeros años de su vida estuvo al cuidado de su tía materna Ann Bromley, hasta que en 1922 su padre vuelve casarse y queda al cuidado de su madrastra, Margaret Dwyer.

Terminados sus estudios iniciales, ingresó en la Universidad Victoria de Manchester, donde estudió literatura y filología entre 1937 y 1940.

En 1940 fue reclutado por el ejército y pasó a integrar la "Royal Army Medical Corps", pero tuvo numerosos incidentes y fue acusado de deserción en 1941 por la policía militar.

En 1942 pidió ser transferido al "Royal Army Educational Corps", un grupo militar que se encarga del adiestramiento de soldados y pese a su desprecio por la autoridad fue ascendido a sargento.

Poco tiempo después de casarse con Llewela Isherwood Jones en 1942 y en plena Segunda Guerra Mundial (1939-1945), fueron asaltados por cuatro marines estadounidenses y su esposa fue violada y golpeada, hecho que le provocó un aborto e inspiró la novela "La naranja mecánica" (1962).

La naranja mecánica trata sobre la libre voluntad, la moral y la manipulación de los individuos en las sociedades y como estas conllevan a la corrupción del ser humano.

En 1946 Anthony Burgess dejó el ejército y se dedicó a la educación en la "Mid-West School of Education" y en el colegio "Bamber Bridge Emergency Teacher Training College".

Entre 1948 y 1950 trabajó para el ministerio de Educación y más tarde fue nombrado responsable educativo del Servicio Colonial, con base en Borneo y Malaya (1954-1959).

Durante su estancia en el extranjero escribió sus tres primeras novelas, "Tiempo del tigre" (1956), "El enemigo en la manta" (1958) y "Camas en Oriente" (1959), que se publicaron conjuntamente en 1972 bajo el título "La trilogía malaya".

Tiempo después se trasladó a Estados Unidos, donde vivió varios años y trabajó como profesor visitante en la Universidad de Princeton (1970), en el "City College" de Nueva York (1972), en la Universidad de Columbia (1972) y en la Universidad de Buffalo (1976).

En 1980 publica "Poderes terrenales", obra de gran éxito de crítica y público, ambientada en el siglo XX y centrada en la relación tormentosa entre un respetado escritor homosexual y un hombre de fe.

Sobre el final de su vida escribió dos volúmenes autobiográficos, "El pequeño Wilson y el buen Dios" (1987) y "Has tenido tu ocasión" (1990).

Anthony Burgess murió víctima de cáncer de pulmón luego de varios meses de convalecencia.

Libros destacados

  • La naranja mecánica (1962)
  • Poderes terrenales (1980)
  • Derecho a una respuesta (1960)
  • Miel para los osos (1963)
  • Mil novecientos ochenta y cinco (1978)
  • El pequeño Wilson y el buen Dios (1986)

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