Frases de Albert Camus - Página 9

01. Cuando estalla una guerra, las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido". Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. "La peste" (1947)

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02. Hombres que se creían frívolos en amor, se volvían constantes. Hijos que habían vivido junto a su madre sin mirarla apenas, ponían toda su inquietud y su nostalgia en algún trazo de su rostro que avivaba su recuerdo. Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados, incapaces de reaccionar contra el recuerdo de esta presencia todavía tan próxima y ya tan lejana que ocupaba ahora nuestros días. (...) Era ciertamente un sentimiento de exilio aquel vacío que llevábamos dentro de nosotros, aquella emoción precisa; el deseo irrazonado de volver hacia atrás o, al contrario, de apresurar la marcha del tiempo, eran dos flechas abrasadoras en la memoria. "La peste" (1947)

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03. El resto de la historia, (...), era muy simple. Es lo mismo para todos: la gente se casa, se quiere todavía un poco de tiempo, trabaja. Trabaja tanto que se olvida de quererse. (...) El cansancio era la causa, él se había abandonado, se había callado cada día más y no había mantenido en su mujer, tan joven, la idea de que era amada. Un hombre que trabaja, la pobreza, el porvenir cerrándose lentamente, el silencio por las noches en la mesa, no hay lugar para la pasión en semejante universo. "La peste" (1947)

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04. La primera mitad de la vida de un hombre era una ascensión y la otra mitad un descenso; que en el descenso los días del hombre ya no le pertenecían, porque le podían ser arrebatados en cualquier momento, que por lo tanto no podía hacer nada con ellos y que lo mejor era, justamente, no hacer nada. (...) Seguramente Dios no existía porque, si existiese, los curas no serían necesarios. "La peste" (1947)

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05. Cuando me metí en este oficio lo hice un poco abstractamente, en cierto modo, porque lo necesitaba, porque era una situación como otra cualquiera, una de esas que los jóvenes eligen. (...) Y después he tenido que ver lo que es morir. ¿Sabe usted que hay gentes que se niegan a morir? ¿Ha oído usted gritar: " ¡Jamás! " a una mujer en el momento de morir? Yo sí. Y me di cuenta en seguida de que no podría acostumbrarme a ello. "La peste" (1947)

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06. El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad. Los hombres son más bien buenos que malos, y, a decir verdad, no es esta la cuestión. Sólo que ignoran, más o menos, y a esto se le llama virtud o vicio, ya que el vicio más desesperado es el vicio de la ignorancia que cree saberlo todo y se autoriza entonces a matar. El alma del que mata es ciega y no hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible. "La peste" (1947)

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07. Bien sé que el hombre es capaz de acciones grandes, pero si no es capaz de un gran sentimiento no me interesa. "La peste" (1947)

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08. (...) Es incapaz de sufrir o de ser feliz largo tiempo. Por lo tanto, no es capaz de nada que valga la pena. "La peste" (1947)

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09. El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma. "La peste" (1947)

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10. Todo aquel tiempo fue como un largo sueño. La ciudad estaba llena de dormidos despiertos que no escapaban realmente a su suerte sino esas pocas veces en que, por la noche, su herida, en apariencia cerrada, se abría bruscamente. Y despertados por ella con un sobresalto, tanteaban con una especie de distracción sus labios irritados, volviendo a encontrar en un relámpago su sufrimiento, súbitamente rejuvenecido, y, con él, el rostro acongojado de su amor. Por la mañana volvían a la plaga, esto es, a la rutina. "La peste" (1947)

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11. Nada en el mundo merece que se aparte uno de los que ama. Y sin embargo, yo también me aparto sin saber por qué. "La peste" (1947)

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12. Sentía que su madre lo quería y pensaba en él en ese momento. Pero sabía también que querer a alguien no es gran cosa o, más bien, que el amor no es nunca lo suficientemente fuerte para encontrar su propia expresión. "La peste" (1947)

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Albert Camus

Albert Camus

Novelista, ensayista, filósofo y dramaturgo francés, autor de "Bodas" (1939), "El mito de Sísifo" (1942), "El extranjero" (1942), "La peste" (1947) y "La caída" (1956.

Sobre Albert Camus

Albert Camus nace en una familia humilde de campesinos, de madre analfabeta y sorda y padre que moriría un año después de su nacimiento, participando en la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

Su infancia transcurrió en Argel, siendo criado por la abuela y guiado por Louis Germain, un maestro que lo preparó para entrar en la Universidad de Argel y al cual Albert Camus le dedicó el Premio Nobel años después.

Sus estudios universitarios de vieron sorprendidos por un brote de tuberculosis en 1930, pero una vez repuesto funda el Teatro del Trabajador (1937) y su trabajo como periodista lo lleva a viajar por toda Europa.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Albert Camus fue miembro activo de la Resistencia francesa, director de una publicación clandestina llamada "Combat" entre 1945 y 1947 y miembro de la federación anarquista a mediados de 1956.

En 1960 se vio involucrado en un accidente automovilístico mortal mientras conducía cerca de Villeblerin (Francia).

La obra de Albert Camus refleja el absurdo, la sensación de alienación y desencanto junto a la afirmación de las cualidades positivas de la dignidad humana.

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